lunes, 8 de julio de 2019

MUERTE DE ROLDÁN EN EL CANTAR DE GESTA HOMÓNIMO









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MUERTE DE ROLDÁN EN EL CANTAR DE GESTA
FUENTE CONSULTADA:
Portada - Ocho escenas del Cantar de Roldán en una sola ilustración. (Public Domain)

Un héroe de la historia y la leyenda: la muerte del valeroso Roldán en la batalla de Roncesvalles

Roldán o Rolando, (Hruodland o Roland en la lengua de los francos), llamado también “Roldán el Valiente”, nació en el año 736 de nuestra era y murió en el 778 en Roncesvalles. Era un caballero franco, conde de la Marca de Bretaña, responsable de defender las fronteras del reino de los francos contra los bretones, y –según la leyenda– sobrino de Carlomagno. Roldán se convirtió en el principal paladín del emperador y en uno de los personajes más importantes del ciclo literario conocido como la Materia de Francia.  

Vita Karoli Magni

Según el Vita Karoli Magni (“Vida de Carlomagno”), una obra escrita entre los años 829 y 836 por Eginhard, monje y cronista, hordas de sarracenos (según otras versiones rebeldes vascones) masacraron a Roldán y a su ejército en el transcurso de la batalla del Paso de Roncesvalles. La muerte de Roldán se convirtió de este modo en un símbolo de las guerras medievales entre cristianos y musulmanes..
El relato da comienzo con Carlomagno marchando al frente de su ejército con rumbo a Zaragoza (España), consciente de la oportunidad de extender la Cristiandad, además de su propio poder. El gobernador musulmán de Barcelona Sulayman al-Arabí, junto con su aliado Husayn de Zaragoza, indujeron a Carlomagno a invadir Al-Ándalus a cambio de ayuda militar contra Abderramán I, Umayyad (emir) de Córdoba. Carlomagno cruzó los Pirineos en el año 778.
Monumento a Roldán en el Paso de Roncesvalles. (CC BY-SA 3.0)
Monumento a Roldán en el Paso de Roncesvalles. (CC BY-SA 3.0)
Pese a que sus tropas fueron bien recibidas por Sulayman al-Arabí en Barcelona y Gerona, Carlomagno encontró cerradas las puertas de Zaragoza. Husayn se negó a rendir la ciudad a Carlomagno, argumentando que jamás le había jurado lealtad, aunque intentó aplacar sus ánimos ofreciéndole un importante tributo en oro. Carlomagno no se sintió satisfecho en absoluto, y furioso por lo que consideraba un incumplimiento de lo pactado, decidió sitiar la ciudad y tomó prisionero a Sulayman al-Arabí, encadenándole. Pero los ambiciosos esfuerzos de Carlomagno no se vieron coronados por el éxito, por lo que se retiró un mes más tarde, persuadido de que ya era hora de regresar a su reino.
Carlomagno y Carlos V, ilustración de ‘Vita et gesta Karoli Magni’, Colonia (1521). (Public Domain)
A medida que el ejército franco se retiraba hacia su patria cayó en varias emboscadas: una del ejército de Al-Arabí, otra de los vascones del interior de Navarra, y una tercera (la peor) en las montañas de los Pirineos. En esta última, la retaguardia del ejército de Carlomagno fue atacada y aniquilada. Las bajas fueron muy numerosas entre los francos, incluidas las de importantes caballeros de la nobleza, pero la peor pérdida de todas fue la de Roldán, el más valeroso de los hijos de Francia.

15 de agosto: el día en que Roldán se convirtió en leyenda

En aquel triste 15 de agosto, el valiente Roldán iba acompañado de 20.000 soldados francos y varios e importantes nobles, entre ellos su buen amigo Oliveros u Olivier (con cuya hermana Alda (Aude) se había prometido Roldán). Estos hombres formaban la retaguardia del ejército de Carlomagno. El valle de Roncesvalles estaba cubierto hasta tal punto de unos bosques tan espesos que constituía el lugar idóneo para una emboscada. Según la leyenda el ejército sarraceno contaba con más de 400.000 soldados para enfrentarse al contingente franco comandado por Roldán, muy inferior en número.
Mapa de las antiguas carreteras romanas de Hispania. El paso de Roncesvalles formaba parte de la carretera Ab Asturica Burdigalam, que partía de Asturica Augusta (Astorga) y llegaba hasta Burdigala (Burdeos) cruzando los Pirineos. (Public Domain)
Mapa de las antiguas carreteras romanas de Hispania. El paso de Roncesvalles formaba parte de la carretera Ab Asturica Burdigalam, que partía de Asturica Augusta (Astorga) y llegaba hasta Burdigala (Burdeos) cruzando los Pirineos. (Public Domain)
Un hombre debe sufrir grandemente por su señor, soportar intenso frío y calor abrasador, y sacrificarse por él en carne y sangre.
Aunque los francos lucharon valerosamente y soportaron la terrible acometida del enemigo tan bien como les fue humanamente posible, fueron evidentemente superados en número y quedaron condenados a morir uno tras otro. Todos combatieron con valor aquel día, pero ninguno demostró la valentía de Roldán. El héroe atravesó a multitud de enemigos con su poderosa lanza, y cuando ésta se quebró en sus manos, echó mano a su poderosa espada Durandarte o Durandal, hiriendo y derribando con ella a un enemigo tras otro.
Pintura anónima del siglo XV sobre la batalla del Paso de Roncesvalles. (Public Domain)
Pintura anónima del siglo XV sobre la batalla del Paso de Roncesvalles. (Public Domain)
Cuando prácticamente todos los hombres de Roldán estaban ya muertos, y aunque el héroe seguía en pie combatiendo al enemigo, gravemente malherido y moribundo, Roldán intentó quebrar su espada para impedir que cayera en manos de los sarracenos. Por última vez hizo sonar su olifante (un tipo de cuerno de guerra). Aunque sabía que el ejército de Carlomagno ya no podría salvarles, quería impedir la profanación de los cuerpos de sus hombres. Sintiendo que su muerte estaba cercana, Roldán se echó en el suelo apoyando su cabeza sobre la hierba, depositó su cuerno y su espada junto a él y volvió su rostro hacia el enemigo. Cuando Carlomagno y sus hombres alcanzaron el campo de batalla, encontraron los cuerpos de Roldán y sus hombres caídos en combate. Según la leyenda, Roldán fue sepultado en la basílica de Blaye, cerca de Burdeos.
La muerte de Roldán y sus hombres. (Public Domain)
La muerte de Roldán y sus hombres. (Public Domain)
En otra versión del relato, Roldán lanza su espada Durandal por los aires para impedir que caiga en manos del enemigo. La espada acaba clavándose mágicamente en una roca de Rocamadour, lugar de peregrinaje situado unos 160 kilómetros al norte de Toulouse. La espada continúa allí aún a día de hoy.
La espada Durandal clavada en una roca de Rocamadour (Francia)
La espada Durandal clavada en una roca de Rocamadour (Francia)

La heroica muerte de Roldán en la literatura medieval y renacentista

Con el paso de los años, Roldán se convirtió en una figura emblemática, y su heroica muerte en el Paso de Roncesvalles alcanzó dimensiones míticas en la literatura medieval y renacentista. El primero y más famoso de estos relatos épicos fue la Chanson de Roland (“Cantar de Roldán”), escrita en francés antiguo. Se trata de un poema heroico del siglo XI basado en la batalla de Roncesvalles. En este poema se asocia poéticamente a Roldán con su espada Durandal, varias reliquias cristianas, su caballo Vellantif o Veillantin y su olifante o cuerno de guerra.
Roldán recibe Durandal de manos de Carlomagno. (Public Domain)
Roldán recibe Durandal de manos de Carlomagno. (Public Domain)
Durante el Renacimiento se escribieron muchas obras maestras de la literatura poética para ensalzar la gloria de Roldán, siendo las más famosas de ellas Orlando Innamorato y Orlando Furioso. La valentía de Roldán inspiró asimismo a algunos de los más brillantes compositores de música clásica, entre ellos Georg Friedrich Händel, quien escribió la ópera Orlando en su honor. Más aún, en la zona pirenaica muchos lugares llevan su nombre, y se erigieron numerosas estatuas en su honor en toda Europa como símbolo de su fe y su valor.
Primera página de la Chanson de Roland, (Cantar de Roldán), poema épico compuesto en el año 1098. (Public Domain)
Primera página de la Chanson de Roland, (Cantar de Roldán), poema épico compuesto en el año 1098. (Public Domain)
Naturalmente, Roldán no era consciente del impacto que su última batalla tendría en la conciencia colectiva en el futuro. Simplemente vivió y murió por aquello en lo que creía, algo de lo que solo es capaz alguien con auténtico coraje y fortaleza. Éstas fueron sus últimas palabras al mirar al cielo y apoyar su mano ensangrentada sobre su pecho, declarándose victorioso en su causa:
A tu vista, oh Dios, sean confesados mis pecados. Grandes y pequeños, desde la hora de mi nacimiento hasta el día de hoy, me arrepiento de todos ellos.
La muerte de Roldán, ilustración de Jean Fouquet (1455-1460). (Public Domain)
La muerte de Roldán, ilustración de Jean Fouquet (1455-1460). (Public Domain)
Imagen de portada: Ocho escenas del Cantar de Roldán en una sola ilustración. (Public Domain)

domingo, 7 de julio de 2019

Les Fabiaux, espejo cómico del siglo XIII.

Fabliaux: Espejo cómico del siglo XIII

¿Qué son los fabliaux?

Desde los siglos XVI al XIX, la palabra “fabliau” ha sido utilizada para referirse, sin excesivo rigor a cualquier cuento ligeramente humorístico […] estos cuentos forman parte como grupo de un género delimitado de forma muy intuitiva […] las definiciones del género resultan muy vagas, especialmente la del muy influyente crítico Joseph Bédier que los definió como “divertidos cuentos cortos”.

Los fabliaux, estos “divertidos cuentos cortos” son breves relatos escritos en verso a lo largo del siglo XIII en su mayoría (decimos “en su mayoría” pues algunos se remontan hacia finales del siglo XII o llegan hasta principios del XIV). Aunque tuvieron una gran repercusión (el éxito de una obra literaria medieval se establece a partir de la cantidad de manuscritos encontrados que versan sobre ella) se conservan en manuscritos diversos y fragmentados. Podían ser escritas por algunos poetas conocidos en la materia, dado que poseían carácter popular, aunque la mayoría de las que se conservan fueron compuestas por autor anónimo.
Su principal objetivo era ser fuente de hilaridad, provocar la risa de los burgueses hacinados en las ciudades, y nada mejor para hacerlo que reflejar sus propios miedos, intentar que se rieran de sí mismos.


Argumentos

Los fabliaux son obras de ficción y como tales, lo que predomina en ellos son elementos ficticios, pero también aparecen en ellos detalles tomados de la realidad inmediata. No se puede tomar al pie de la letra todo lo que dicen, ya que su propósito no es reproducir la realidad sino divertir al público, pero tampoco son autónomos en relación con  el mundo real al que pertenecen. Los autores de estos textos presentan siempre sus narraciones como algo ocurrido realmente y, para conseguir un efecto de veracidad en lo narrado, multiplican los detalles propios del entorno.

Si bien hay algunos fabliaux que narran cosas que no hubieran podido ser vistas jamás por ninguno de sus autores (el Infierno, o el Paraíso, el mundo de los muertos, etc.) no se puede negar que la mayoría de ellos nos hablan del entorno habitual del campesino o el burgués: las casas de campo o de ciudad, los mercados, las calles ocupadas por los gremios…
El hecho de que se remitan a un mundo conocido por los oyentes de la historia (hemos de recordar que los fabliaux no se leían, sino que se escuchaban narrados por un juglar conocedor de su oficio) es lógico y necesario para que pueda darse el elemento de hilaridad, tema y pulsión creativa principal de estas obras, pues la gente suele reírse sólo de aquello que conoce bien y no de temas ajenos que puedan provocarle curiosidad, rechazo e incluso espanto.

Por tanto, la mayoría de los argumentos son hechos que podrían acaecer en la vida cotidiana de cualquier persona de los siglos medievales: la consecución de un objetivo a través del engaño o la astucia, las tretas de la mujer para ocultar un amante (el término “amigo” poseía este significado en la época medieval) a su marido cornudo.
Mención aparte merecen los fabliaux que usan como fuente de comicidad el humor negro, ya que sus tramas no pueden considerarse inspiradas en la vida habitual del burgués, no obstante también en ellas se hace gala de la astucia para ocultar la identidad real del cadáver con un fin concreto. Astucia bien conocida por el burgués o el campesino, que muchas veces tenía que servirse de ella a diario para poder llevar pan a su mesa.

Así, pues el elemento cómico, el erotismo y el uso de la astucia constituyen los tres ejes principales en torno a los cuales se articulan la práctica totalidad de los argumentos de los fabliaux.


Personajes

Hablemos ahora de los personajes que intervienen en los fabliaux: casi todos ellos poseen un papel bien determinado en el cuento a lo largo de la trama inventada por el autor.
Si un poco más arriba señalábamos que el tratamiento de los términos difiere del que se utilizaba en la literatura del amor cortés, con el papel del personaje masculino y femenino en los fabliaux sucede otro tanto ya que no podemos encontrar unos caracteres más opuestos a las sumisas damas y los valientes caballeros de la literatura cortés. No encontraremos en los fabliaux ninguna Ginebra en apuros ni ningún Lanzarote que acuda presuroso, espada en mano a su rescate.

Sería más adecuado decir que las féminas dirigen su propia vida sin esperar que ningún caballero lo haga por ellas y tratando de defender sus caprichos, como el mantener a su amante al margen de la curiosidad del marido a través de argucias o tretas que le permitan seguir con una doble vida. Se trata, por tanto, del personaje en el que recae la mayor parte del recurso de la astucia al que aludíamos en el apartado anterior.

Los hombres retratados, por otro lado, constituyen ese contrapunto inocente a la astucia, del que también hemos hablado más arriba. Representan el papel del inocente, del ingenuo, del engañado, provocando la hilaridad del oyente al verse casi siempre burlados gracias a las estratagemas de las mujeres

Aunque estos dos arquetipos son los más representativos, encontramos en los fabliaux toda una galería de personajes que representan a los hombres de la sociedad del siglo XIII:
Así pues, tenemos al clérigo, hombre avaro y lujurioso (en raras ocasiones encontramos un cura que busque el bien de sus feligreses y se conforme con las riquezas que le otorgan las limosnas de éstos y algunos bienes de la Iglesia para poder sobrevivir). El cura siempre busca tener más, siempre aspira a más, y esta búsqueda es el germen de muchas situaciones que provocarán la risa del público.
También aparecen los jóvenes, preocupados únicamente por divertirse y seducir a las jóvenes casaderas o ya esposas que se pongan a su alcance.
Encontramos también, aunque con una frecuencia mucho más reducida, a la “celestina” o casamentera. Se trata de una alcahueta a la que los amantes pagaban para que posibilitara su encuentro y su posterior tratamiento. Si las mujeres de los fabliaux son la muestra de la astucia como recurso cómico, es en este personaje en el que se concentra en mayor cantidad, como Auberee, estos personajes son capaces de idear tales estratagemas y de trabarlas entre sí de forma tan inteligente que despiertan la admiración del lector (y no nos referimos ya al oyente del siglo XIII, sino al propio lector actual del texto que observa cómo estas mujeres nunca salen malparadas con la simple precaución de trabar una compleja red de mentiras que no se contradigan entre sí).



Las raíces literarias: ¿De dónde provienen estos cuentos medievales?

Se han otorgado varios orígenes posibles al género, dispares entre sí:
Gaston Paris consideraba el cuento oriental como su antecedente.  El fabliau habría bebido así de fuentes como el Pachatranta o el Libro de Kalila e Dimna, hecho que explicaría la misoginia presente en los relatos (la mujer es siempre vista como un ser mentiroso y manipulador por naturaleza).
E. Faral, en cambio, sostuvo que había que buscar las raíces del fabliaux en la comedia elegíaca latina, por su similitud de personajes.
Se ha observado también que los fabliaux pudieran ser una adaptación de las comedias pseudoesópicas al francés del siglo XII, realizada por Marie de France (Ysopet).

También ha sido señalado como un posible origen las composiciones realizadas en la fiesta de la Epifanía, donde el orden habitualmente férreo se subvertía, dando lugar a una sociedad totalmente invertida y cuyas costumbres morales se relajaban. Pero esto no parece tampoco posible, pues en los fabliaux el orden natural no sólo no parece alterado, sino que incluso se mantiene y refleja en construcciones imaginarias como la jerarquía presente en el Infierno e incluso en el Paraíso.

El género que nos ocupa parece pues contener en sí mismo la misma dificultad que el resto de los géneros literarios medievales: el desconocimiento de sus raíces, bien pudo beber de todas las fuentes que hemos indicado un poco más arriba, bien muchas de las características que le son inherentes provienen de la intuición literaria del juglar y se fueron fijando con el tiempo.
No resulta, por tanto, sencillo establecer los orígenes de nuestro género, lo que sí se puede afirmar sin género de duda es que tiene aspectos en común con todas las posibles fuentes que hemos mencionado, y también otros que son divergentes, por lo que pudo beber de todas ellas y formarse a partir de una mezcolanza de influencias que habrían conformado un nuevo género, similar en algunos aspectos a los ya existentes, pero lo bastante diferenciado y definido para constituir uno nuevo por sí mismo.


El fruto de los fabliaux: la novela corta, de Boccaccio a Chaucer

Un simple vistazo a varios de los fabliaux revela una historia cuya configuración nos deja el recuerdo de los relatos escuchados en nuestra infancia.
Esto es así porque el fabliau, lejos de morir como género literario tras su etapa de auge, se desdobló en varias características que influyeron posteriormente en gran multitud de autores y géneros. Así, encontramos un hilo temático que recorre la literatura desde los fabliaux medievales hasta el cuento actual pasando por autores como Boccaccio (sobre todo en su Decamerón, que influirá, a su vez en elHeptamerón de Margarita de Navarra y en otras obras de la literatura francesa renacentista) o Chaucer (en los Cuentos de Canterbury, donde introduce temas de los fabliaux que no sólo enriquecen los temas y personajes de la literatura inglesa medieval, sino que también aumentan los escenarios posibles, hecho que llega a influir en Shakespeare), entre otros.

Entre estos otros están los autores de cuentos infantiles franceses, como Charles Perrault, pues aunque sus cuentos sí incluían una moraleja final, cosa que no ocurre con los fabliaux, se observan cuentos muy similares a los fabliaux, como “Los deseos ridículos”, cuya trama, similar a la que acontece en “Los cuatro deseos de San Martín” se distingue principalmente en que los deseos son tres y no cuatro y en que el matrimonio no echa a perder su oportunidad deseando estar cubiertos de atributos sexuales, sino de una morcilla que cuelga de la nariz de la mujer.

En cuanto a los géneros, los fabliaux impusieron el desarrollo de la farsa e impulsaron la novela corta; género cuyo estado actual es un gran deudor de los cuentos franceses medievales.


Los fabliaux como reflejo de la sociedad que los ha creado

Los personajes que hallamos con frecuencia en los fabliaux representan a la clase media francesa de la época medieval. Esto se hace para buscar el elemento hilarante, pues, como ya se ha indicado más arriba, la gente se ríe de aquello que conoce.
A pesar de que aparezcan sentencias finales en algunos de los cuentos a modo de moraleja, éstas no son tales, pues el propósito de los fabliaux no era didáctico o moralizante; sino únicamente cómico y no se permitía el juglar o el creador del fabliau enseñar unas buenas costumbres morales o religiosas de las que él mismo carecía:

De cada tres fabliaux hay dos, entre los más groseros incluso, en los que aparece al principio o al final una lección o moraleja que los asemejan a los exempla […] pero la sentencia final que aparece en los fabliaux suele ser un lugar común en el mejor de los casos y confusa o contradictoria en otros. En el primer caso [..] lo que se expone es una verdad indiscutible que forma parte del mundo del narrador y del público del suceso narrado. Este empeño moralizante, tan poco en consonancia con el relato, podría explicarse por a enseñanza escolar que los autores del fabliaux habían recibido. La Retórica exigía para el relato breve y ligero un “orden natural” y según este orden natural, debía comenzarex sententia o concluir ex exemplo, sin que hubiese otras formas posibles.

Los fabliaux, representan, es decir, reflejan la sociedad de la que forman parte, pero no pretenden que las gentes se vean reflejadas en ellos, sino sólo que se rían, hay un mero propósito risible en este retrato social de la época.

El fabliau refleja los miedos de la sociedad: el adulterio de la pareja, la pérdida de la escasa fortuna y la subsiguiente pérdida de techo y alimento o las simples impertinencias ejercidas por suegras y madres.
Pero no es un reflejo sólo por ello, ya que los fabliaux sirven para formarse una idea bastante aproximada de las costumbres y los modos de vida de la época, tanto es así que se describen con detalle las comidas, los vestidos e incluso las casas que habitaban, dado que la mayoría de los fabliaux, como se ha indicado antes, se sitúan en un entorno familiar al auditorio.

Conclusiones

A lo largo de toda la historia de la literatura, los fabliaux han sido despreciados como un género menor, apto sólo para gente que no fuera muy exigente en sus gustos literarios. Esto es debido al lenguaje burdo y poco refinado que se emplea en la mayoría de ellos, las tramas de escasa complejidad argumental y la ausencia de afán didáctico o moralizante. Unido ello al hecho de que la literatura de humor nunca ha gozado de una gran consideración por parte de los críticos más reputados.

Pese a ello, nos gustaría destacar que tanto las estratagemas urdidas por las mujeres para escapar de la ira de sus maridos, como algunas de las situaciones presentadas y que acontecen a los personajes (se menosprecia, por ejemplo, el hecho de jugarse unas almas a los dados en “San Pedro y el juglar”, pero se tiene en gran estima que un caballero cruzado se juegue la vida al ajedrez con la Muerte, salvando las distancias, en la película de Ingmar Bergman El séptimo sello) son ingeniosas, están bien urdidas y provocan la comicidad en su lectura.
Fueron un referente en la Edad Media por su crítica sin reproches y por su estilo literario espontáneo y sin ornamentos artificiosos. Hay multitud de autores que poseen un estilo de estas características o no critican abiertamente su entorno social sin que por ellos sean excluidos o se ponga en duda el valor artístico de sus obras.
Algo que sí resulta evidente es que el lector disfruta de estas obras breves y ligeras capaces de provocar a su sentido del humor. Tal vez baste con eso.