domingo, 16 de agosto de 2015

5 Clasicismo francés del siglo XVII

El clasicismo moderno francés
Siglo XVII

Mientras el resto de Europa sufría las consecuencias de la degeneración del barroco, Francia logró su Edad de  Oro. Al siglo XVII se le ha denominado con razón le grand siécle. Sin embargo, este periodo del clasicismo es breve.

Principales representantes
Los principales representantes del clasicismo francés son:
a) En la tragedia, Racine (1639-1699).
b) En la comedia, Molière (1622-1673).
c) En la literatura mundana, La Rochefoucauld y Madame de Sevigné.
d) En la crítica, Nicolás Boileau (1636-1711),
e) En la fábula, Jean de La Fontaine (1621-1695); este último es el más independiente, el que menos se somete a las directivas del siglo.

Caracteres generales de esta literatura
Estudiaremos ahora los caracteres generales de la literatura clásica francesa de la segunda mitad del siglo XVII:
1. Concuerda con las instituciones de la época. Está al servicio de las instituciones sociales, políticas y religiosas; es decir, respeta el orden establecido, no ataca, sino que sirve a las instituciones y al régimen político. Por tal motivo puede ser considerada una literatura ancilar (del latín ancila que significa “esclava”); esto indica que se halla al servicio de una causa concreta).
2. Está centralizada en la monarquía. El monarca asume en la segunda mitad del siglo XVII la dirección de los espíritus. En Versalles, el Rey Sol es el protector de las artes y de las letras.
3. Es cristiana. En la segunda mitad del siglo XVII hay unidad religiosa en Europa. La religión del príncipe es la de los súbditos. Esta divisa consagra la intolerancia. El Edicto de Nantes, expedido por Enrique IV (1598), fue abolido ahora por Luis XIV (1685) dando paso a la intolerancia de cualquier religión excepto la católica.
4. Es aristocrática y mundana. Las producciones literarias están destinadas preferentemente a la clase aristocrática. No es una literatura popular. El espíritu mundano se manifiesta
sobre todo en las máximas de La Rochefoucauld y en las cartas de Madame de Sevigné.
5. Es espiritualista y moral. No le interesa la naturaleza inanimada, las cosas del mundo exterior, sino el hombre espiritualmente considerado, prescindiendo de su ser físico. No interesan el vestido, el decorado —como ocurre en el “preciosismo”— ni la descripción sentimental de un bosque o un río, sino el alma humana. Pretende transformar al individuo en sentido moral, no a la sociedad. La reforma moral individual es el ideal de Molière.
6. Es disciplinada. Está sometida a reglas estéticas, tomadas de la tradición.
Su principal codificador fue Boileau, quien en su Arte Poética (1674) considera las reglas aristotélicas y las exagera, sin dejar margen a la libertad. Sus reglas son caprichosas, rígidas, severas y tienden a destruir la personalidad del escritor.
Lo barroco y lo romántico se caracterizan por la libertad en el arte. Lo clásico, en cambio, por la sujeción a las normas.
La razón es la guía que permite llegar a la verdad y comprender a la naturaleza. Predomina sobre la imaginación, que conduce a lo fantástico, y sobre la sensibilidad, que conduce a la expresión de lo subjetivo. Sin embargo la razón aparece, en el siglo XVII, sometida a las instituciones políticas y sociales; respeta la religión, la moral y la tradición, debido al freno que éstas le imponen. El predominio de la razón proviene del Renacimiento. Mientras el barroco se aproxima a la Edad Media y se aleja del Renacimiento, el clasicismo se aproxima al Renacimiento y el espíritu renacentista es, en su esencia, clasicismo.
7. Su ideal artístico radica en la imitación de la naturaleza. Se sigue en ello a Aristóteles. No es una imitación servil de la naturaleza, sino que se seleccionan los datos de ésta.
8. Imita a los antiguos. Si el arte radica en la imitación de la naturaleza, los modelos fundamentales deben ser los antiguos: por estar más próximos a ella la han comprendido mejor, por eso son los más sencillos, los más objetivos. Sin embargo, no se hace de los antiguos una imitación tan servil como en el Renacimiento.

Autores y obras representativos del clasicismo moderno
En la tragedia, Racine; en la comedia: Molière.
Racine Es el dramaturgo trágico más destacado de este periodo que intertextualiza la literatura griega en un marco de realización perfectamente alcanzado.
Entre sus obras mencionamos: Alejandro, Amores de Ovidio, Andrómaca, Atalía, Baños de Venus, Berenice, Fedra, Ifigenia.
Andrómaca
Su primera gran tragedia —Andrómaca— es de 1667. Argumentalmente se trata de recrear la vida de Andrómaca, la viuda del príncipe troyano Héctor que ya habíamos conocido en la Ilíada de Homero, cuando es conducida al destierro por su secuestrador y amante —Pirro—. Éste la desea con tanta intensidad que hace todo lo humanamente posible para concederle sus aspiraciones. Pirro protege al hijo de Andrómaca —Astianacte— de la furia de los restantes griegos que desean vengarse de Héctor en la persona de su vástago.
Es digno de destacar la fi delidad de la esposa al marido muerto. Racine recrea un poderoso cuadro de mujer combativa que sin tregua defi ende a su hijo, llora por Héctor y desprecia a Pirro.
Muchas obras de Racine se inspiraron en la literatura y mitología griegas y otras, en la historia antigua y en la Biblia.
La dramaturgia raciniana es la más perfecta desde el punto de vista de las normas más rigurosas que dictó el espíritu clásico. Los preceptos aristotélicos, que exigen que todo sea verosímil y necesario en la tragedia, organizan estas obras con toda naturalidad. Una característica admirable de este teatro es la sencillez de sus argumentos. Y el milagro raciniano consiste en escribir cinco actos de densa tensión trágica a partir de situaciones consolidadas, de destinos ineludibles y con personajes que ya han tomado sus decisiones. Por ejemplo, sabemos que Andrómaca seguirá fiel al recuerdo de Héctor y nada ni nadie la obligará a traicionar su memoria; no obstante, Pirro lucha por su amor, aunque para ello tenga que traicionar a sus compatriotas. Y aun sabiendo que esta mujer no cambiará su decisión, la lectura del contenido trágico de la obra es apasionante.
Molière
Es sin duda el hombre que hizo reír y reflexionar a la sociedad francesa de la época. Si Racine había sido el rostro adusto que hablaba de la muerte y el destino, Molière representa el rostro jocoso que dibuja una sonrisa mientras se burla de los excesos de su sociedad.
Entre sus obras se incluyen: El atolondrado, El despecho amoroso, Las preciosas ridículas, Esganarel o el cornudo imaginario, La escuela de los maridos, El matrimonio a la fuerza, Tartufo, Don Juan, El misántropo, El médico a palos, El avaro, El enfermo imaginario.
El 10 de febrero de 1673 se representa El enfermo imaginario.
Molière quizás tuberculoso o enfermo de los pulmones actúa
el papel principal. Durante la representación del día 17 sufre un ataque de tos y convulsiones que intenta disimular con muecas y ademanes. Morirá durante la noche en su casa.


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